Portador Noticias/Redacción
Donald Trump publicó un mapa en el que tachó “Mexico” del nombre de New Mexico y lo sustituyó por “America”. Aunque todavía no existe una propuesta formal para rebautizar el estado, el mensaje se suma a una larga lista de cambios, restauraciones y propuestas de nombres impulsadas por el mandatario, desde el Golfo de México y el monte Denali hasta el lago Ontario.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, volvió a convertir la geografía en parte de su discurso político. Esta vez puso la mira en Nuevo México, al difundir este domingo 6 de septiembre un mapa en el que sugirió rebautizar el estado como “New America” —“Nueva América”—, en sustitución de New Mexico.
En la imagen publicada en Truth Social aparece el mapa del estado con las palabras “New Mexico”, pero “Mexico” está tachado y debajo aparece escrito en rojo “America”.
Trump no acompañó la publicación con una explicación ni anunció una orden ejecutiva para concretar el cambio. Por ello, hasta este domingo debe considerarse una insinuación o propuesta, y no un cambio oficial.
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Sin embargo, el mensaje cobró mayor relevancia porque la Casa Blanca reprodujo la publicación y porque existe un antecedente claro: durante su segundo mandato Trump ha convertido los cambios de nombres geográficos e institucionales en una herramienta recurrente de su política de exaltación de la “grandeza estadounidense”.
Nuevo México se llama así desde antes de que existiera Estados Unidos
La propuesta tiene además una particular carga histórica. El nombre Nuevo México no procede del actual país México ni fue colocado después de que el territorio pasara a manos estadounidenses.
La denominación española Nuevo México comenzó a utilizarse siglos antes de la fundación de Estados Unidos y sobrevivió a los distintos cambios políticos de la región.
El territorio que actualmente constituye el estado de Nuevo México quedó bajo control estadounidense después de la guerra entre México y Estados Unidos y el Tratado de Guadalupe Hidalgo de 1848. Finalmente, el 6 de enero de 1912 se convirtió en el estado número 47 de la Unión.
La publicación de Trump abre ahora la posibilidad de que el mandatario intente llevar a la práctica una idea que, por el momento, permanece únicamente en el terreno de las redes sociales.
Pero no sería la primera vez que una ocurrencia de este tipo termina convertida en política oficial.
Del Golfo de México al “Golfo de América”
El 20 de enero de 2025, Trump firmó la orden ejecutiva “Restoring Names That Honor American Greatness”, mediante la cual ordenó que el gobierno federal estadounidense utilizara la denominación “Gulf of America” —Golfo de América— para sustituir a Golfo de México.
La orden instruyó al Departamento del Interior a actualizar el Geographic Names Information System (GNIS) y a utilizar la nueva denominación en mapas, contratos, documentos y comunicaciones de las agencias federales.
El Departamento del Interior formalizó posteriormente el cambio para el uso oficial del gobierno de Estados Unidos.
De Denali nuevamente a monte McKinley
La misma orden ejecutiva de enero de 2025 ordenó otro cambio simbólico: devolver a la montaña más alta de América del Norte el nombre de Mount McKinley.
En 2015, durante el gobierno de Barack Obama, el gobierno federal había reconocido oficialmente el nombre indígena Denali, utilizado desde hacía generaciones en Alaska.
Trump revirtió aquella decisión para rendir homenaje al presidente William McKinley, asesinado en 1901.
El cambio se hizo efectivo para la nomenclatura federal, aunque el parque que rodea la montaña conserva el nombre Denali National Park and Preserve.
Lago Ontario se convierte para Washington en “Lake America”
Trump fue todavía más lejos en agosto de 2026, cuando el día 27 firmó la orden ejecutiva 14422 para rebautizar el lago Ontario como “Lake America” —Lago América—, pese a que se trata de una masa de agua compartida por Estados Unidos y Canadá.
La orden argumenta la importancia económica, estratégica e histórica de los Grandes Lagos para Estados Unidos y ordena al Departamento del Interior y a la Junta de Nombres Geográficos eliminar las referencias a Lake Ontario del sistema federal y sustituirlas por Lake America.
El cambio generó una fuerte reacción en Canadá, que continúa reconociéndolo como Lake Ontario.
La política de Trump no se ha limitado a accidentes geográficos.
Durante su segundo mandato, su administración también emprendió la restauración de nombres de instalaciones militares que habían sido modificados después de las protestas raciales de 2020 debido a su relación con dirigentes confederados.
Uno de los casos más representativos fue Fort Liberty, en Carolina del Norte, anteriormente llamado Fort Bragg.
La administración Trump recuperó el nombre Fort Bragg, pero utilizó una fórmula para evitar la prohibición legal de homenajear a dirigentes confederados: estableció que el nombre ya no honra al general confederado Braxton Bragg, sino al soldado Roland L. Bragg, condecorado por su actuación durante la Segunda Guerra Mundial.
En marzo de 2025, Trump anunció además que el Anahuac National Wildlife Refuge, en Texas, sería rebautizado en memoria de Jocelyn Nungaray, una niña de 12 años cuyo asesinato se convirtió en uno de los casos utilizados por Trump para defender su política migratoria.
Del cambio de nombres a las ambiciones territoriales
La fijación de Trump con los mapas ha ido incluso más allá de los nombres. Desde su regreso al poder ha planteado reiteradamente ideas relacionadas con Canadá, Groenlandia y otros territorios, utilizando en algunos casos la posibilidad de incorporarlos a Estados Unidos como parte de su retórica política.
Ese contexto explica por qué la publicación sobre “Nueva América” no ha sido interpretada simplemente como una imagen humorística.
La diferencia es fundamental: Trump sí ha emitido órdenes ejecutivas para cambiar el nombre utilizado por Estados Unidos para el Golfo de México, restaurar Mount McKinley y rebautizar Lake Ontario; en el caso de Nuevo México, hasta este 6 de septiembre no existe una orden equivalente.



